NELSON MANDELA, EL FUNCIONARIO PÚBLICO.

Mediante el presente post, pretendo sumarme a los millones de homenajes que durante estos días, se rinden a Nelson Mandela, con motivo de su fallecimiento el pasado 5 de diciembre.

Como cualquier cuarentón, hasta tan sólo hace unos años, conocía a Mandela a través de su faceta política, y de forma muy superficial, ya que en la época en que fue presidente de Sudáfrica, yo me encontraba acabando los estudios, y muy metido en mi carrera como deportista.

El nombre de Mandela, no me decía más, que el de Mijaíl Gorbachov, o cualquier otro dirigente político de los años 90. Sin embargo, hace unos años, tuve la oportunidad de ver la película “Invictus”, de Clint Eastwood, y a partir de entonces, sentí curiosidad por el personaje. ¿Cómo podía un presidente de gobierno, rebajarse el sueldo, inmediatamente después de acceder al cargo?. Ha transcurrido el tiempo, y algunos libros desde aquello, y esa inicial curiosidad, se ha tornado en sincera admiración.

Hace un par de años, compré su autobiografía, (“El largo camino hacia la libertad”), en El Corte Inglés. Una edición con una encuadernación de lujo, que en su parte trasera marcaba un precio de 6 euros. Me dirigí a la dependienta, para llevármelo, y le pregunté si el precio era correcto. “No. Me respondió, debe de ser un error.” Sin embargo una vez lo comprobó, me confirmó que ese era su coste. Cuando lo hube terminado, comprobé que efectivamente el precio era un error. Este libro, debería de ser de lectura obligada, en nuestros centros educativos. Y debería de entregarse, en lugar del iPad, a todos nuestros representante políticos.

 

NELSON MANDELA
NELSON MANDELA

De este prohombre, compañero de profesión, yo destacaría, su sentido de la justicia y del deber para con su pueblo, su tenacidad, su inteligencia, y su templanza. Sin embargo, las dos cosas que más me han llamado la atención, de su persona, fueron su entrega a los demás, y su paciencia. Mandela estuvo 27 años en la cárcel, porque creía que ese era su deber. Desestimó algún intento de fuga, preparado por los compañeros de su organización, e incluso varias propuestas del gobierno sudafricano, para salir de la cárcel y “olvidarse” de su vida política, a cambio de una más que honrosa jubilación. Fue un funcionario público, con mayúsculas, que interpuso en todo momento, los intereses de su pueblo, a los suyos particulares. Esa decisión, le costó, ente otras cosas, perder a su familia (esposas, e hijos).

La otra gran cualidad, fue la de su paciencia. Ingresó en prisión con poco más de cuarenta años, y salió de ella con setenta. Tres décadas de oscuridad (sobre todo el periodo de Robben Island), en las que se forjó el mito. Sin desfallecer jamás, luchó por sus derechos, por los de sus compañeros presos, ejerció de abogado en asuntos penitenciarios, hizo saber de su causa a la comunidad internacional, pero sobre todo, pergeñó, junto con sus compañeros del CNA, también presos, la forma en que su país iba a dejar atrás, el apartheid, y se iba a escribir el destino de su pueblo, toda Sudáfrica, negros y blancos juntos.

Podría estar escribiendo horas, ya que su vida da para ello, pero prefiero dejar este humilde homenaje aquí, ya que a buen seguro habrá gente, mucho más preparada que yo, para escribir sobre su figura.

Me despido con la esperanza, de que su historia, su ejemplo, no quede en las bibliotecas, sino que sea objeto de estudio y reflexión, y de que nos sirva de guía estos tiempos tan oscuros que nos toca vivir.

A lo largo de estos días de homenajes, he leído, que algún otro mandatario público, ha comparado su figura con la de Gandhi. Al respecto, yo no puedo decir, más que de todos los personajes históricos, sobre los que he leído, o he conocido por algún medio, Madiba, como lo conocen en su país, es hasta la fecha el más grande sin duda.

La humanidad, es hoy más pequeña. Espero que su legado, nos sea de utilidad a los demás, pues en él, están las respuestas que estamos buscado, a los problemas que acucian a nuestro país.

Javier Pérez Villa.



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